El Dilema de Atenea: Mujeres y Altas Capacidades

¿Hablar y destacar o callar y pasar desapercibida?

Para muchas niñas y mujeres con altas capacidades intelectuales (ACI), sobresalir puede convertirse en un reto lleno de dilemas. Frente a las expectativas sociales y el temor a las críticas, optan muchas veces por ocultar sus talentos, renunciando a la posibilidad de ser reconocidas.

Este fenómeno, conocido como el “dilema de Atenea,” destaca la tensión entre el deseo de expresar su verdadera capacidad y la necesidad de adaptarse a los roles de género. Al hablar y destacarse, estas mujeres suelen experimentar rechazo o estigmatización; al callar, evitan estos conflictos, pero sacrifican su visibilidad y potencial de liderazgo.

Altas Capacidades y Género

La evidencia científica es clara: no existen diferencias significativas en las capacidades intelectuales entre géneros. Sin embargo, el sistema educativo detecta a más niños que niñas con altas capacidades.

Según datos del Ministerio de Educación para el curso 2022-2023, solo el 35,2% de los estudiantes con altas capacidades detectados son mujeres, frente a un 64,8% de varones.

La detección de las Altas Capacidades en el sistema educativo español ha aumentado considerablemente en los últimos 10 años.

Sin embargo, la cifra de chicas detectadas se mantiene bastante estable, alrededor del 35%.

Esta diferencia entre los datos esperables (50%) y los datos reales sugiere una invisibilidad significativa de niñas con ACI, a menudo influenciada por los sesgos sociales y estereotipos de género que privilegian a los varones en su identificación.

Roles y estereotipos de género

Los roles de género dictan las normas de comportamiento según el género percibido. Para las mujeres, se espera modestia, sumisión y discreción, características que contrastan con los atributos como el liderazgo o la ambición, comúnmente asociados al éxito académico o profesional. Las niñas con ACI suelen portarse bien en el aula, lo que disminuye la atención de educadores y psicólogos sobre sus habilidades, mientras que los niños tienden a ser más disruptivos y, por tanto, son detectados más fácilmente.

Esta realidad perpetúa la invisibilidad de las mujeres con ACI, y aquellas que desafían los roles tradicionales enfrentan rechazo o son percibidas como “amenazantes.” Ocultarse para evitar estas reacciones es, para muchas, una estrategia de supervivencia social.

Cualquier persona con un rasgo diferente a la mayoría, sabe que destacar demasiado es el camino directo hacia la exclusión social.

Como seres humanos, tenemos una necesidad básica de pertenencia. Queremos ser aceptados por nuestro grupo de iguales, aunque esto a veces significa disimular o enmascarar ciertos rasgos para tratar de ‘encajar’.

Destacar por tener altas capacidades intelectuales puede ser una espada de doble filo para las mujeres, ya que el reconocimiento de su talento a menudo viene acompañado de altos costos emocionales y sociales.

Aunque el éxito y la visibilidad pueden verse como logros deseables para algunas personas, para muchas mujeres, el alto coste del proceso y los riesgos que conlleva hacen que no les compense y optan por la invisibilidad.

El coste del reconocimiento puede incluir

  • Soledad y aislamiento: las demás personas pueden no entender o compartir sus intereses, preocupaciones o forma de pensar.
  • Cuestionamiento de sus habilidades: las mujeres talentosas a menudo enfrentan más cuestionamientos sobre su capacidad o legitimidad que los hombres con capacidades similares. A las mujeres se les exige demostrar continuamente su valor, lo que genera una presión adicional para ser «perfectas», y cualquier error puede ser magnificado como prueba de su incompetencia y la de todo su género.
  • Desgaste emocional: las grandes expectativas sobre las personas con altas capacidades empuja a las mujeres a sentir que no pueden bajar el ritmo o cometer errores. También puede implicar la expectativa de asumir más responsabilidades o compromisos, lo que requiere tiempo y energía y sacrificar otras áreas de la vida. lo cual puede llevar a un desgaste psicológico importante.
  • Hostilidad o envidia: Por ejemplo, Recibir calificativos como «sabelotodo» o ser percibidas como presuntuosas o pedantes, independientemente de su actitud real. El temor a generar reacciones negativas en el entorno social o profesional, hace que muchas mujeres eviten sobresalir, prefiriendo ser invisibles para no despertar resentimientos o tensiones.

Muchas mujeres con altas capacidades optan por no destacar y bucan pasar desapercibidas para evitar el conflicto social.

De esta forma, el miedo a ser malinterpretadas, infravaloradas o criticadas las lleva a ocultar su inteligencia, lo que refuerza su invisibilidad y limita su desarrollo pleno.

El costo de mantener el reconocimiento puede ser tan alto que muchas prefieren no perseguirlo, especialmente si perciben que afectará su calidad de vida.

Falta de referentes femeninos

El ser humano es un ser social, no un ente independiente. Experimentamos nuestra vida, nos desarrollamos, a través de las relaciones interpersonales.

Los referentes son importantes, porque son ejemplos concretos de lo que se puede conseguir.

Cuando una persona está formando su identidad, en su mente existen las referencias que conoce. Si una niña jamás ha visto una mujer astronauta. Y sí que ha visto a decenas de hombres astronautas, inconscientemente, asumirá que solo los hombres pueden serlo.

Las decisiones que tomamos en nuestra vida están influídas por muchísimas variables, como nuestra genética, nuestra configuración cerebral, el entorno y el contexto en el que hemos nacido y nos hemos desarrollado, etc.

Todos estos factores, incluyendo los referentes, acaban determinando nuestras preferencias, nuestras metas y nuestros sueños.

El hecho de no encontrar personas con las que identificarse en libros de texto, en medios, en la cultura audiovisual, en el entorno..hace que muchas niñas ni siquiera se planteen que ellas pueden hacer esto o aquello, o en general, que ellas también pueden liderar proyectos exitosos.

Implícitamente, refuerza la creencia de que las mujeres no pueden o no deben destacar.

Autoexigencia y perfeccionismo

El perfeccionismo es un rasgo común entre las mujeres con ACI. A menudo, sienten que sus logros no son suficientes y atribuyen sus éxitos a la suerte, lo que refuerza el síndrome del impostor. La presión constante por alcanzar la perfección no solo desgasta emocionalmente, sino que les lleva a minimizar sus propios logros, alimentando su tendencia a evitar la visibilidad y renunciando a su propio potencial. Muchas mujeres con altas capacidades nunca se han planteado que las puedan tener.

Hay muchas mujeres que intentan ser las mejores en todo lo que hacen, desde su rendimiento académico hasta sus relaciones personales.

Sin embargo, cuando logran el éxito, muchas veces atribuyen sus logros a la suerte o a factores externos, lo que las lleva a dudar de su propia competencia y a subestimar su valor real.

Estas personas basan sus valoraciones en una escala de perfección imaginaria imposible de alcanzar, debido a su propia autoexigencia. Nada de lo que hagan nunca va a ser suficiente en esta escala.

El considerar que nada de lo que haces es suficiente lleva a muchas mujeres a minimizar sus éxitos o a no reconocerlos públicamente, lo que refuerza su invisibilidad.

La autoexigencia constante también puede causar un agotamiento emocional y mental (burnout). Muchas mujeres con ACI se esfuerzan tanto por cumplir con las expectativas que terminan agotadas, lo que disminuye su capacidad para seguir persiguiendo metas o proyectos que podrían hacerlas visibles.

Además, Las mujeres con ACI que son perfeccionistas pueden enfrentarse a un desajuste entre lo que esperan de sí mismas y lo que la realidad les permite alcanzar. Saben de lo que son capaces, pero a veces, las circunstancias o las propias limitaciones físicas no les permiten avanzar tan rápido como les gustaría o conseguir sus objetivos.

Esto puede llevar a una autocrítica excesiva y a la sensación de que nunca están a la altura, lo que alimenta la percepción de que no son «tan excepcionales». Como resultado, pueden adoptar un perfil bajo y evitar demostrar su verdadero potencial, perpetuando su invisibilidad.

Conclusiones

El dilema de Atenea muestra cómo los roles de género y las expectativas sociales afectan a las mujeres con ACI, limitando su desarrollo y visibilidad. Al elegir callar para evitar conflictos, muchas de ellas renuncian a un crecimiento que podría convertirlas en referentes y líderes. Este ciclo de invisibilidad, reforzado por la falta de referentes y la autoexigencia, limita la capacidad de muchas mujeres para destacar y lograr una influencia significativa en la sociedad.

Es fundamental abordar estos factores desde una perspectiva de género para crear espacios seguros en los que las mujeres con ACI puedan expresar todo su potencial sin miedo.

La pregunta final es para todas: ¿Te has sentido identificada con el dilema de Atenea? ¿Has preferido callar en algún momento para evitar destacar? ¡Te leo en los comentarios!

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