Disonancias, distorsiones y sesgos cognitivos

Descubre qué son los sesgos cognitivos y cómo afectan nuestra percepción de la realidad. Aprende a distinguir entre disonancias cognitivas, distorsiones cognitivas y sesgos cognitivos para mejorar tu toma de decisiones y bienestar emocional.

Uno de los temas que más me fascinan de la psicología son los sesgos cognitivos.

En general, tendemos a pensar que todo lo que hay en nuestra mente es, de alguna forma, ‘correcto’, puesto que así es como vemos y sentimos las cosas.

Sin embargo, ¿es lo que pensamos y sentimos, la verdad?

Cuando empecé a estudiar psicología y a entender cómo funcionan los procesos mentales, rápidamente me di cuenta de que, a menudo, encontrar esa verdad es sumamente complejo, incluso, (o sobre todo) dentro de nosotros mismos.

El cerebro es un órgano increíble y maravilloso del que, todavía a 2024, conocemos muy muy poco.

Lo que sí sabemos es que nuestra forma de pensar y actuar como seres humanos no es tan racional y lógica como quizás nos gustaría creer.

La experiencia que llamamos ‘vida’ se construye en base a las relaciones con el mundo que nos rodea: nos entran una serie de estímulos, nuestro sistema nervioso los procesa, y se generan diferentes respuestas a nivel mental, emocional y comportamental.

Este proceso, estímulo —> procesamiento —> respuesta, a veces no es tan sencillo, y puede verse afectado por muchos factores, como la experiencia previa, las creencias personales y la propia configuración neuronal, dando lugar a que distintas personas tengan una respuesta diferente ante el mismo estímulo.

Además, los humanos hemos evolucionado para pensar de forma rápida y práctica, priorizando esta respuesta rápida a un procesamiento más detallado de la información. Por ejemplo, si te persigue un animal salvaje, es más interesante para tu supervivencia utilizar todos tus recursos para correr que para pensar.

Algunos de los fallos que se dan en el procesamiento de la información son las disonancias cognitivas, las distorsiones cognitivas y los sesgos cognitivos. Estos tres conceptos son similares entre sí, pero no son exactamente lo mismo. Voy a intentar explicarte qué significan:

Disonancia cognitiva

Este término fue desarrollado por el psicólogo Festinger en 1957 en su libro titulado ‘Teoría de la disonancia cognoscitiva‘.

La definición teórica hace referencia al estado de tensión o incomodidad que sentimos cuando nuestras creencias, actitudes o valores entran en conflicto con nuestras acciones.

La teoría de Festinger propone que, al producirse este conflicto entre la creencia (o norma) y nuestro propio comportamiento, la persona se ve automáticamente motivada para generar nuevas creencias que encajen con sus acciones y reduzcan la tensión y así sea todo más coherente.

Festinger demostró la existencia de la disonancia cognitiva mediante un experimento, que consistía en pedir a unos cuantos sujetos que realizasen una tarea muy aburrida. Cuando acababan la tarea, dividía a los sujetos en tres grupos y les preguntó a todos ellos qué les había parecido la tarea. Todos opinaron que la tarea les había resultado muy aburrida.

Posteriormente, a los sujetos del grupo 1 o grupo control, se les dijo que el experimento había acabado y se podían ir. A los sujetos del segundo grupo, se les dijo que fuera de la sala había una persona que tenía que realizar la misma tarea, pero que no estaba del todo convencida, así que ellos recibirían un dolar si le decían que la tarea había sido muy divertida.

A los sujetos del tercer grupo, se les dijo lo mismo, pero se les dio 20 dolares en vez de 1. Posteriormente, se informó a los sujetos del grupo 2 que los sujetos del grupo 3 habían recibido una cantidad mayor de dinero.

¿Lo tenemos?

La misma tarea aburrida. Unos no reciben nada, otros reciben 1 dolar y otros reciben 20 dolares por decir que ha sido divertida. Una semana más tarde, Festinger llama a todos los sujetos del experimento y les pregunta qué les pareció la tarea.

¿Qué descubrió?

Los sujetos del grupo 1 y el grupo 3 reafirmaron su respuesta anterior, es decir, volvieron a decir que la tarea les pareció aburrida.

Sorprendentemente, los sujetos del grupo 2 creían que la tarea fue divertida. ¿Por qué pasó esto?

La explicación de Festinger es que los sujetos del grupo 2, al saber que recibieron menos dinero que los sujetos del grupo 3, se vieron obligados a cambiar su pensamiento,

dado que no tenían justificación.

1 dolar era insuficiente —> producía disonancia cognitiva «No tiene sentido que mienta por un dolar»

Los que habían recibido 20 dolares tenían una justificación externa para su cambio de comportamiento, y por tanto, experimentaron menos disonancia. «Tiene sentido que mienta porque me están pagando por ello»

Por tanto, esto parece indicar que si no hay una causa externa que justifique el comportamiento, es más fácil cambiar de creencias o actitudes.

Por ejemplo, cuando hacemos compras y nos sentimos engañadas o estafadas. Y acabamos pensando: ‘bueno, me sirve para otra cosa’ ‘ pensándolo bien, es lo que necesito para..’

Los seres humanos tenemos una fuerte necesidad de que nuestras creencias, actitudes y conductas sean coherentes entre sí. Y es tan fuerte la tensión que genera que estas tres áreas no estén alineadas, que crea mucho malestar en la persona.

Entonces, el cerebro como lo que quiere es protegerte de todo mal. Y hace trampas jugando al solitario.

Se autoengaña. Y acepta como ciertas cosas que no son verdad, manipulando tus propias creencias y pensamientos para que encajen con tus acciones. Y creando la ficción de que el malestar inicial por la disonancia no tenía razón de ser.

Por ejemplo: Yo me considero ecologista y defensora del medio ambiente, sin embargo, a menudo utilizo envases de plástico y de un solo uso. Esto crea tensión entre mis valores y las acciones que llevo a cabo: disonancia. Para reducir esta tensión, me autoengaño, justifico mi comportamiento, diciendo que no puedo llevar la comida en otro taper, que tengo mucha prisa o que todos lo hacen. Y así se reduce la tensión y puedo seguir viviendo tranquila.

 

Distorsiones cognitivas

Las distorsiones cognitivas son patrones de pensamiento irracionales y negativos que pueden influir negativamente en el estado emocional y el comportamiento de una persona.

Este es un concepto fue acuñado por el psicólogo Ellis en la década de 1950 y fue desarrollado por el psiquiatra Aaron T. Beck en la década de 1960.

Beck, que a menudo se considera el padre de la terapia cognitiva, trabajaba con pacientes deprimidos. En sus intervenciones observó que estas personas tenían pensamientos negativos recurrentes y automáticos que no reflejaban la realidad. Basándose en estas observaciones, desarrolló una teoría que vincula estos pensamientos distorsionados con trastornos emocionales y conductuales.

Las distorsiones cognitivas se basan en la teoría cognitiva, que sugiere que los pensamientos influyen en las emociones y el comportamiento.

Cuando una persona experimenta una distorsión cognitiva, su percepción de los eventos se ve alterada de manera que aumenta la probabilidad de una respuesta emocional negativa. Este ciclo puede perpetuar el malestar emocional y contribuir a la severidad y duración de trastornos como la depresión o la ansiedad.

Algunas distorsiones cognitivas habituales son las siguientes:

  • Pensamiento Dicotómico (Todo o Nada): Ver las situaciones en términos extremos, sin matices. Ejemplo: «Si no soy perfecto, soy un fracaso total.»

  • Sobregeneralización: Extraer una conclusión general a partir de un solo incidente. Ejemplo: «He suspendido un examen, siempre fracaso en todo.»

  • Filtro Mental: Enfocarse exclusivamente en los aspectos negativos de una situación, ignorando los positivos. Ejemplo: «Me equivoqué en una palabra durante mi presentación, todo salió mal.»

  • Descalificación de lo Positivo: Rechazar las experiencias positivas insistiendo en que «no cuentan». Ejemplo: «Me felicitaron por mi trabajo, pero seguro que solo lo hicieron para ser amables.»

  • Conclusiones precipitadas: Hacer interpretaciones negativas sin evidencia. Se divide en:
    • Lectura de Mente: Asumir que sabes lo que otros están pensando. Ejemplo: «Sé que todos piensan que soy incompetente.»
    • Adivinación del Futuro: Predecir que las cosas saldrán mal. Ejemplo: «Sé que me irá mal en esta entrevista.»

  • Magnificación o Minimización: Exagerar los errores o minimizar los éxitos. Ejemplo: «Cometí un pequeño error, soy un desastre.» o «Ganamos el proyecto, pero no fue gracias a mí.»

  • Razonamiento Emocional: Asumir que las emociones reflejan la realidad. Ejemplo: «Me siento inútil, por lo tanto, soy inútil.»

  • «Deberías» y «No deberías«: Tener reglas rígidas sobre cómo uno mismo y otros deben comportarse. Ejemplo: «Debería ser siempre productivo y eficiente.»

  • Etiquetado: Colocar una etiqueta negativa global a uno mismo o a otros. Ejemplo: «Soy un perdedor.»

  • Personalización: Asumir la responsabilidad por eventos fuera de control. Ejemplo: «Es culpa mía que mi amigo esté triste.»

Sesgos cognitivos

Los sesgos cognitivos son patrones sistemáticos y predecibles de errores en el pensamiento y la toma de decisiones.

Este término fue introducido por los psicólogos Kahneman y Tversky en 1972 y surgió al darse cuenta de que las personas somos incapaces de razonas intuitivamente con órdenes de magnitudes muy grandes (anumerismo).

Tanto ellos como otros investigadores posteriores, demostraron la existencia de patrones que hacían que las decisiones de las personas no fueran lo que se esperaría según la Teoría de la Elección Racional (un marco teórico propio de la ciencia política y la economía que viene a decir que loos seres humanos tomamos decisiones racionales).

Kahneman siguió con sus experimentos y extendió sus conocimientos a otras áreas como la medicina, la política y la economía, lo que le llevó a ganar el Premio Nobel de Economía en 2002 por haber integrado estos aspectos de la investigación psicológica en la economía, sobre todo en relación con la toma de decisiones.

Algunos investigadores posteriores sugieren la posibilidad de ver estos sesgos cognitivos no como ‘errores’ sino como ‘atajos’ que utilizan los seres humanos a la hora de predecir y tomar decisiones, sobre todo cuando no existe mucha información en la que basarse.

Estos atajos mentales son útiles en muchos casos, pero no son útiles al procesar números muy grandes o grandes magnitudes de información en general.

Por ejemplo, cuando una persona que consideramos expera nos da una explicación compleja, consideramos verdaderas sus explicaciones, porque no tenemos tiempo de analizar toda esa información por nosotros mismos para comprobar su veracidad y tenemos que tomar una decisión rápida.

También, por ejemplo, juzgamos el poder adquisitivo de una persona a partir de su aspecto y vestimenta.

Aunque estos atajos suelen funcionar en la vida diaria y la mayoría de veces las conclusiones que sacamos son correctas, a menudo cometemos errores y a veces, con consecuencias graves.

Es muy intersante conocer estos ‘atajos’ o ‘errores’ y estar alerta, en particular cuando tenemos que tomar decisiones importantes.

Algunos ejemplos de sesgos cognitivos son los siguientes:

  • Sesgo de confirmación: La tendencia a buscar, interpretar y recordar información que confirme nuestras creencias preexistentes, mientras se ignora o se devalúa la información que las contradice.

  • Efecto de anclaje: La tendencia a depender en exceso de la primera información recibida (el «ancla») al tomar decisiones. Por ejemplo, si te dicen que un reloj cuesta €500 y luego te ofrecen un descuento a €300, puedes pensar que es una gran oferta, aunque el reloj realmente valga menos de €300.

  • Sesgo de disponibilidad: La tendencia a juzgar la probabilidad de eventos basándose en ejemplos fácilmente disponibles en la memoria. Por ejemplo, después de ver noticias sobre accidentes aéreos, podrías sobrestimar la probabilidad de que ocurran, aunque los viajes en avión sean estadísticamente seguros.

  • Efecto halo: La tendencia a permitir que una característica positiva (o negativa) de una persona influya en la percepción general de sus otras características. Por ejemplo, si una persona es físicamente atractiva, podríamos asumir que también es inteligente y amable.

  • Sesgo de autocomplacencia: La tendencia a atribuir los éxitos a factores internos (como la habilidad o el esfuerzo) y los fracasos a factores externos (como la mala suerte o las circunstancias). Por ejemplo, si apruebas un examen, puedes pensar que es debido a tu inteligencia, pero si lo suspendes, puedes culpar al examen por ser injusto.

  • Efecto Dunning-Kruger: La tendencia de las personas con bajas habilidades o conocimientos en una área a sobrestimar su competencia, mientras que las personas con alta competencia tienden a subestimarse.

  • Sesgo de retrospectiva: La tendencia a ver eventos pasados como más predecibles de lo que realmente eran. Después de que algo sucede, puede parecer obvio y predecible, incluso si no lo era en ese momento.

  • Efecto de arrastre: La tendencia a hacer o creer en algo porque muchas otras personas lo hacen o creen. Esto se ve mucho en tendencias de moda y decisiones de inversión.

A veces, los sesgos cognitivos pueden confundirse con las falacias lógicas, pero no son exactamente lo mismo.

Una falacia se deriva de un error en un argumento lógico mientras que un sesgo cognitivo se basa en errores propios del cerebro.

Conclusiones

Una disonancia cognitiva es un conflicto interno entre Creencias y Acciones que genera tensión e incomodidad.

Una distorsión cognitiva es un patrón de pensamiento aprendido inexacto que afecta a cómo procesamos la información y respondemos a los estímulos.

Un sesgo cognitivo es un rasgo evolutivo que consiste en un error sistemático en el procesamiento de la información y que puede afectar a la toma de decisiones.

Espero que esta información te haya parecido útil 🙂 Gracias por llegar hasta aquí.

Referencias

Beck, A. T. (1967). Depression: Clinical, experimental, and theoretical aspects. University of Pennsylvania Press.

Festinger, L. (1957). A theory of cognitive dissonance. Stanford University Press.

Tversky, A., & Kahneman, D. (1974). Judgment under uncertainty: Heuristics and biases. Science, 185(4157), 1124-1131. https://doi.org/10.1126/science.185.4157.1124

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